La caravana marcha hacia el este, camino del desierto de Anorach. Les espera un difícil y complicado viaje. Mis intervenciones harán que mi futuro esté en juego, pero es necesario si queremos salvar Santuario y que el enemigo deje de avanzar.

 

Algunos han caído y otros se han unido. Han rescatado a Deckard Cain, han derrotado a la Condesa del Mal, han detenido un tiempo al Demonio Carnicero, la pequeña Leah ya está con quien debe enseñarla y la diablesa Andariel ha perecido en su reinado de angustia. Grandes han sido sus proezas en tan poco tiempo. Pero esto no ha terminado, esperan nuevos horrores en Lut Gholein. Los héroes se van fortaleciendo por el largo y duro camino y viven más de una aventura en el tránsito entre tierras. Son conscientes de la guerra contra los infiernos.

 

Dejan atrás una Khanduras que comienza un tiempo de restauración. Las arpías que restan y no siguen a la caravana quedan bajo el mando de Khasya para recuperar la gloria al monasterio y erradicar todo vestigio de maldad en aquellas tierras. Muchas hermanas han caído y otras tienen un fin mayor que cumplir, pero no fallarán a los supervivientes de Khanduras. La Hermandad del Ojo Ciego debe volver a su antigua gloria.

 

 

Nadie pudo imaginar lo que es el horror que tuvo que pasar. Nadie pudo suponer lo que iba a ocurrir en Khanduras. Nadie pudo prever lo que significaba aquella niña. Ni tan siquiera su protectora.

 

Tristán era una ciudad tranquila, hasta que el “Rey Negro” comenzó a hacer su voluntad contra su propio pueblo. Gillian trabajaba en la taberna como camarera para Odgen y su mujer. Su abuela estaba tremendamente enferma y dedicaba casi todo su día cuando no estaba trabajando, en las labores de la casa y sus cuidados.

 

Gillian era muy bella, resaltaba entre las demás de su edad, lo que hacía que tuviera pretendientes como el joven Wirt. Pero entre miradas clandestinas y la preocupación por la familia, la sombra se cernió sobre Tristán. El miedo se apoderó pronto de la ciudad cuando muchos cayeron bajo el yugo del carnicero en la trampa que tendió Lazarus al pueblo. Algunos intentaron huir, pero a otros les frenó el miedo mayor de lo de fuera a lo de dentro. Algo estaba asesinando a sus vecinos, pero fuera su supervivencia no estaba asegurada. Eran tiempos oscuros y en los caminos había demasiados peligros que intentarían desvalijarte, o aún peor, devorarte.

 

La muchacha disfruta de la tranquilidad con los pies metidos en el agua del lago. Una leve corriente de viento mueve su cabello rubio, deslizándose por su desnudo cuerpo. Ella inspira tranquilamente con los ojos cerrados, disfrutando del silencio y tranquilidad del lugar. Cuando espira, abre los ojos despacio.

La luz la ciega un poco al principio, pues refleja directamente en el agua. Alguna libélula revolotea por encima del agua de forma incauta hasta que un pez salta intentando atraparla. Todo es tranquilo y relajante en aquel lugar. La chica comienza a tararear una canción y comienza a sonar su nombre de fondo. Una y otra vez, cada vez más fuerte. Finalmente, ella se da cuenta de que la llaman y abre los ojos como platos intentando coger aire.

 

 

Sylenna está tumbada en el suelo. Comienza a intentar levantarse, pero le cuesta mucho con su pesada armadura. Finalmente, encuentra su arma junto a ella y la utiliza para levantarse del todo. Nota la frente húmeda y algo resbalar por su cara. El golpe en la cabeza ha sido fuerte.

 

 

Elin no podía pensar en otra cosa. Todas las noches daba vueltas en su cama, buscando algo que anhelaba en exceso. Las hermanas siempre la apoyaban en todo, su criterio era muy tenido en cuenta. La Amazona era muy diestra en su hacer, no estaba a la altura de la Suma Sacerdotisa o de Akara, pero sabía pelear por el bien del resto de las hermanas.

La Hermandad del Ojo Ciego hace poco que vivió una fuerte crisis. La líder tuvo que marchar ante la inminente caída de Tristán. Ella, junto al príncipe Aidan y un hechicero, se internaron en el laberinto de demonios de donde procedía el mal que acabó con el rey de las tierras de Khanduras. Cuando Cuervo Sangriento volvió, no era la misma de siempre.

Estaba distraída, preocupada y melancólica. No quería hablar de lo que había visto en su interior. Se cerró en una prisión dentro de sí misma y ella se convirtió en su propia agonía. Elin se acercó un día a ella mientras practicaba tiro al blanco dentro del patio del Monasterio de las Arpías. Intentó conversar, animarla, pero comprendía que Cuervo Sangriento sentía un gran pesar en su interior. Entonces ella por iniciativa, le habló:

 

 

La oscura noche está llena de truenos y relámpagos, que iluminan y rompen el silencio de forma puntual. La llanura está solitaria y desde lo alto de la Torre Olvidada, las hermanas vigilan bajo la lluvia. Empapadas por el agua, ponen todos sus sentidos en su tarea, ya que cuando se ciernen las sombras y se amortiguan los sonidos, es el mejor momento para los asesinos.

El torreón se levanta medio derruido en medio de un montículo, construido en la más dura piedra del lugar. Sus años deberían pesarle, más con sus fisuras en sus grandes muros, pero le han servido para ser más robusto y difícil de penetrar en él. Las hermanas buscan algo en él, pero la oscuridad no les deja ver como las figuras procedentes del averno agazapadas, preparan su asedio.

El aire comienza a impregnarse de ese olor venenoso que se pega en el paladar y hace que los presentes tengan la sensación de que les falta el aire. Las primeras bestias surgen de entre la oscuridad, intentando escalar los muros con garras y dientes si es necesario. Ojos rojos, piel escamosa y varias hileras de dientes dentro de su boca. En su retaguardia varios como ellos erguidos les apoyan, sea con magia negra o proyectiles luminosos procedentes de báculos tribales. Intentan hacer que el ascenso sea lo más rápido posible.