Este trabajo está mal pagado de narices, pero ¿esto? Esto no tiene nombre… Vanesa y yo paramos el coche en la cuneta. Me cago en la puta, todavía maldigo el día en el que se me ocurrió…

Avancé por el arcén para descubrir lo que quedaba de aquel pobre animal destripado al lado de la carretera. Toda la hierba de alrededor estaba salpicada de sangre, arrancada, incluso la tierra movida. ¿Una oveja? Dios, he visto atrocidades a lo largo de mi puñetera carrera, pero ese puto bicho comido me inspiraba mucho asco. Le habían comido todas las entrañas y gran parte de carne, sobre todo del lomo y el abdomen.

Vanesa me miró con cara de indiferencia, para ella era simplemente un bicho de granja comido y perdido de la mano de Dios. Se limitó a decir “¿Perros? ¿Varios?”. Yo sabía lo que había. Saque mi reglamentaria y la linterna e intentaba encontrar un rastro. A mi compañera no la hizo falta mediarla palabra para que desenfundara su arma y me apoyara desde cerca.

Avancé por la hierba siguiendo las de manchas de sangre y hierba pisada. Vi algo moverse y aceleré el paso hasta casi correr. Lo había visto… Algo grande moverse a cuatro patas. Me había obsesionado un poco con que por fin llegara aquel momento. Todos esos casos que llegaron a mi mesa… Por fin arrojaríamos algo de luz.

Escuché a mi compañera pedir ayuda. Había tropezado con un pequeño agujero camuflado por la hierba y se hizo daño en el tobillo. Fui a recular pero lo vi de frente. El me miró a mí. Ya no recuerdo más…

Desperté en la ambulancia, decían que había sufrido un fuerte shock. Vanesa dijo que no vio nada, que me encontró con un golpe en la cabeza y por lo visto me lo dieron de frente. Mentí en ese momento y dije no recordar nada. La memoria me vuelve poco a poco y recuerdo perfectamente su cara.

Puede que esté loco. Que fuera fruto de mi imaginación. Voy a escuchar a mi instinto. Recordé el consejo que me dio mi hermano hace cinco años.

Sé que estás suelto… Y voy a por ti.

Christian Valbuena

Inspector Policía Nacional