Un nuevo atentado en territorio francés, en el pequeño pueblo de Angerville, al sur de París. En la madrugada de la noche se escucharon multitud de disparos de distintas armas, entre ellas automáticas, alguna de gran calibre e incluso alguna pequeña explosión. Por la sucesión de los ruidos y el testimonio de testigos que lo escucharon en la distancia, se intuye que todos los disparos fueron realizados por una sola persona, de forma secuencial y premeditada.

 

La localización del ruido lleva a una nave industrial a las afueras del pueblo donde había montado un auténtico campo de batalla. Parece que durante varios días se fue almacenando armas y munición de todo tipo en su interior y puestas en disposición, por cómo se han encontrado, de algún tipo de defensa. Se intuye que la persona que realizó los disparos estaba parapetada defendiéndose de alguien. No se despertó ninguna sospecha, por lo que se piensa que se realizó de alguna forma camuflada en un horario normal o comercial.

 

Después de examinar la escena, las autoridades han alertado de además del armamento encontrado, se ha localizado el cuerpo de un hombre. Parece que no murió por ningún tipo de disparo o arma blanca. Solo presenta síntomas de haber sufrido una asfixia prolongada y tener el cuello roto.

 

La víctima había alquilado la nave a un nombre falso con las iniciales de A. V. Después de examinarlo e identificar el cuerpo, se indica que se trata de Saúl González, procedente de Cáceres (España), actual estudiante de veterinaria en la Universidad de Extremadura. El individuo era tuerto antes de la confrontación y portaba un parche en la cara. Las autoridades no encuentran relación entre un estudiante de veterinaria y tal armamento, están totalmente desconcertados y sin saber qué camino tomar para las investigaciones. Lo único que se ha localizado en su móvil personal, una llamada a un número, el único guardado en la memoria del teléfono, con el apodo de Krueger. Se ha intentado contactar con el usuario pero la operadora indica que el número no existe o no está vigente actualmente.

 

No hay ninguna pista ni señal de quién pudo realizar tal acto de ataque, cuál era el miedo de la víctima para parapetarse de tal forma en una nave y crear una auténtica batalla campal a vida o muerte en la que intentar defender su vida. Esto plantea muchas incógnitas sobre el verdadero perfil de la víctima y que su naturaleza de estudiante en la ciudad española de Cáceres sea una tapadera.

 

En cuanto al atacante o atacantes no se tiene ninguna pista, ningún indicio. No se escucharon más armas ni se han localizado otros casquillos que las de las armas presentes. El estudio de balística y huellas dactilares indica que todas fueron accionadas por Saúl y que nadie más las portó. Las autoridades pondrán todo lo que tienen de su parte para intentar aclarar este caso y se colaborarán con las autoridades españolas para llegar al fondo de la cuestión. Al menos queda el consuelo de que el único daño colateral fue el estructural de la nave industrial y no hubo más victimas.