Vuelta al  hogar

 

El criado le guio por el interior de la mansión hacia el despacho de Lisse, nunca había estado en esa zona de la casa y se sentía terriblemente incomodo y en un estado de alerta constante. Desde su precipitado regreso solo la había visto una vez a través de los cristales de la sala de observación, fue un breve momento en el que había recuperado la consciencia y la había visto sentada al otro lado, observándolo con gesto serio. Después había vuelto a desmayarse por el efecto de los medicamentos.

 

Lianna era la única que había bajado a verle a lo largo de todo el mes que llevaba postrado en una cama, quitando a los silenciosos médicos y enfermeros que lo atendían, ella había sido su única compañía. Fue a ella a la que informo acerca de lo que había sucedido en Cáceres el pasado mes de Abril. Fue una charla larga en la que la chica no dejó de preguntarle datos y anotarlo todo en un cuaderno. Le hablo de Perséfone, de Thelams, de JC, de Wolfie, de Tácito... le conto todo. 

 

Cuando Lianna se dio por satisfecha, cerro su cuaderno, le sonrió y le dejo allí abajo a merced de los médicos que cuidaban de él. Poco a poco fue mejorando y recuperando las fuerzas, empezó a caminar y recupero el apetito. La última semana la había pasado leyendo y recuperando algo de forma física en la cinta andadora que le habían instalado en su cuarto para que se ejercitase.

 

Todo había sido descanso y reposo en aquella habitación hasta que el criado entro y le dejó algo de ropa para cambiarse encima de la cama.

 

- La señorita Brooks quiere verle, cámbiese y sígame si es tan amable.

 

El se puso los vaqueros y la camiseta que le había dejado el criado y le siguió obediente por los interminables pasillos de la casa, durante el trayecto se percato de que su "habitación" se encontraba en algún punto del sótano de la casa y a juzgar por lo que tardo el ascensor ese sótano era muy profundo.

 

Cuando llegaron a la planta donde estaba el despacho de Lisse el cambio en la decoración fue una sorpresa, había pasado de las antisépticas salas de un hospital a una lujosa mansión exquisitamente decorada. En las paredes colgaban cuadros que seguramente serian carísimos, había vitrinas con antigüedades, porcelanas, estatuas y armas antiguas decorándolo todo. Aquello era más un museo que una casa.

 

El criado le guio hasta una gran puerta de doble hoja de madera y pulsó un timbre silencioso, la puerta se abrió sin hacer ningún ruido y el hombre le cedió el paso con un gesto. Él entro en la sala y la puerta se cerró tras él sin hacer el mínimo ruido.

 

La sala era una inmensa biblioteca con libros por todas partes, había varias mesas auxiliares colocadas aleatoriamente con ordenadores  y en el centro, cerca de una gran chimenea, una gran mesa con varios monitores y repleta de libros y papeles. Tras esa mesa estaba ella ensimismada mirando un monitor.

 

- Buenas noches Lisse

 

-Un momento por favor, enseguida estoy contigo, siéntate... - ni siquiera le miró al hablarle.

 

El se sentó en una cómoda silla frente a la gran mesa y se dispuso a esperar a que Lisse terminase. Solo el zumbido del ordenador rompía el incomodo silencio de la sala.

 

Al cabo de cinco minutos Lisse resopló y con un gesto apago la pantalla, solo entonces se dirigió a él sonriendo.

 

- Buenas noches Aitor, me alegro mucho de que estés ya recuperado. Nos distes un buen susto la verdad.

 

- Yo, no sé qué decirte Lisse, lo siento.

 

- ¿Sentirlo por qué? No tienes que disculparte.

 

- Lo primero por no haberte informado sobre todo lo que estaba pasando en Cáceres, me enviaste allí con un propósito y te mantuve a oscuras, debía de haberte informado.

 

- No eres un empleado mío Aitor, recuerda que yo te envié allí sabiendo que sería peligroso, no tienes que disculparte. Además Lianna me ha pasado el informe de todo, has sido muy explicito la verdad  y te lo agradezco. Aun así hay algo que no se aún.

 

- Le conté todo a Lianna, creo que no me he dejado nada.

 

- Si Aitor, hay algo que aun no sé y es lo que más me preocupa.

 

- ¿El qué?

 

- ¿Que paso aquella noche? Los médicos están muy sorprendidos, en tu última visita eras un paciente difícil de llevar, protestabas por todo, incluso les dabas miedo. Ahora sin embargo has sido un corderito, eso no es muy normal en una persona como tú. Además también está el tema de las pesadillas.

 

- Supongo que he madurado, al fin...

 

Lisse sonrió ante su afirmación.

 

- Eso ya es más normal en ti. Me preocupa lo que te sucedió aquella noche Aitor, como te he dicho nos distes un buen susto y en parte es culpa mía, quizás no estabas aun preparado para tanto estrés, no estabas recuperado y yo te metí en una zona de combate.

 

- Es solo cansancio

 

- Aitor, puedo ser joven y parecer poca cosa pero no me tomes por tonta. Te pasó algo, lo sé y creo que hablar de ello te vendría bien.

 

Aitor se pasó la mano por la cabeza y resopló.

 

- ¿Quieres saber lo que paso aquella noche? Lo que paso aquella noche fue Obiecit, eso fue lo que paso.

 

 

"Aitor se incorporo en la cama, el dolor era intenso en su pecho y apenas había conseguido conciliar el sueño por culpa de... Alargó la mano hacia la mesilla y cogió un bote de pastillas, trago dos de un golpe y las ayudo a bajar con un largo trago de Macallan.

El whisky le bajo por la garganta y sintió su calor en el estomago, dejo la botella en la mesilla y entonces se percató de que no estaba solo. Allí sentado en una silla frente a la cama estaba él, el mismísimo Obiecit, mirándole fijamente. Su cuerpo era distinto, ya no es el que vimos en el pasado.

- Hola Aitor 

Aitor intentó agarrar la pistola de la mesilla pero una oleada de dolor hizo que doblase antes de poder agarrar el arma. El dolor de su pecho era intenso, parecía que su corazón fuese a estallar y reventarle las costillas. Apretó los dientes para no gritar y se quedo hecho un ovillo sobre la cama.

- Ay ay ay, creo que estas muy malito amigo. Tranquilo no te esfuerces tanto. No lo merezco.

Obiecit se levanto de la silla y avanzo hacia él, cogió la botella de Macallan de la mesilla e hizo un gesto de negación con la cabeza.

- Esta creo que no es la mejor medicina para lo que tienes, ni esto tampoco - le dijo cogiendo el bote de pastillas - Creo que hoy voy a hacerte tres favores, por lo que hubo entre nosotros, tu y yo hemos compartido mucho, tanto que podría decirse que somos íntimos. ¿No crees amigo?

Se dirigió hacia el baño y vació la botella y las pastillas por el retrete.

- Primer favor, esto no es lo que necesitas. La droga mata.

- Que te jodan

- Aitor, así no se le habla a un amigo, sobre todo a un amigo que lo sabe todo sobre ti. “Poseer” un cuerpo es lo que tiene, uno descubre cosas sobre su anfitrión y a la inversa, tu también descubriste cosas sobre mí. Pero no es para hablar de mi por lo que he venido, no soy tan creído, si no sobre ti mi soldadito.

Obiecit cogió la silla, la acerco a la cama y se sentó mirando fijamente a Aitor.

- Me has sorprendido mucho, he visto todo lo que llevas dentro y me he llevado una grata sorpresa. Un soldado rudo como tu comprometido con una noble causa no deja de ser sorprendente sobre todo cuando ese soldado es un asesino, tienes mucha sangre detrás de ti Aitor.

-¡Hijo de puta! - Aitor intento agarrar la pistola pero su intento quedo en un lamentable amago, el dolor era insoportable.

- Te vas a acabar haciendo pupa Aitor y no quiero eso mi querido amigo. Bueno a lo que iba, explícame como un tipo como tu acaba cansándose de matar, como puede uno pasar de un ejecutor a una hermanita de la caridad. 

- No soy un asesino, yo cumplía órdenes

- ¿Ordenes? Nadie te mando ejecutar a aquellos paramilitares en Bosnia, les hiciste ponerse de rodillas y les metiste un tiro en la nuca. 

- Estaban arrasando aldeas y violando mujeres, nos ordenaron detenerlos.

- Ya, y tú te convertiste en juez y verdugo ¿no? ¿Te empalmaste?

- Hijo de puta bastardo, hice lo que debía hacerse.

- Ya, y que me dices de aquel convoy militar que hiciste saltar por los aires en Namibia. ¿Cuántos niños soldados viajaban en él? ¿Cincuenta? Tu lo sabías y sin embargo... ¡¡¡BUM!!! Los volaste en mil pedazos. También eran ordenes, lo sé, tú no te parabas a pensar, solo apretabas el gatillo. El soldado perfecto, sin moral, sin juicio, solo disciplina. Hasta que llego ella, ¿no?

- No, no lo hagas.

- Si, Aitor, tengo que hacerlo y tengo que hacerlo por ti. Es mi segundo favor hacia ti esta noche.

- Por favor...

- ¿Ella era una Peshmerga, no? Una guerrillera por la libertad, una degolladora. Te enamoraste como un gilipollas Aitor. Pero no es tu culpa, tranquilo, a todos nos pasa. Ella era como tú, implacable y dura, pero ella tenía un propósito, una justificación. Tú solo tenías órdenes y una escala de mando. Ella te hizo ver que luchar puede valer para algo y que si has de morir que sea por algo. Lástima que ella tuviera que morir para que tú abrieras los putos ojos.

- ¡CÁLLATE, CÁLLATE!¡¿Que cojones sabrás tú? 

- Yo lo sé todo Aitor, recuerda que ese es mi juego mi buen gran nuevo amigo. Ella tuvo que morir porque tú acataste una orden, ella estaba en ese pueblo infiltrada, ella os marco el objetivo y os indicó donde estaban los que buscabais. Solamente tenias que ordenar a tu unidad bajar al pueblo de noche y hacer lo que mejor sabíais hacer, matar rápido y en silencio.

Lo hubieseis conseguido, allí había solo pastores convertidos en guerrilleros con AK-47 viejos, sin entrenamiento ni disciplina, vosotros erais la guadaña y ellos el trigo. No hubiesen tenido oportunidad ninguna. Pero tu acataste una orden, cierto es que te intentaste rebelar pero ya era tarde para ella. Casi pudiste ver el misil bajando a toda velocidad sobre el pueblo, casi te abrasas vivo corriendo hacia ella. ¿Cuantas victimas hubo? ¿500? ¿600? Aquel día todos aquellos muertos fueron los tuyos Aitor.

Aquella fue la última orden que acataste Aitor, aquella noche desertaste y te uniste a la RNO pese a que tu buen amigo Valbuena casi te mete una bala en la cabeza. Aquel día dejaste de ser un soldado y te convertiste en un guerrero.

Ya no habría más órdenes para ti, solo tú elegirías tus guerras y junto a quien luchar, su muerte fue tu salvación Aitor.

- ¿Por qué coño haces esto? ¿Torturarme?

- No jodido gilipollas, para que abras los ojos de una puta vez. Llevas intentando ser una buena persona, un salvador, quieres cambiar ¿y qué has conseguido? Nada. Querías salvar a Falken,  a Omega, a Marina y a todos aquellos raritos de las fiestas, cosa que lo veo lógico pero no puedes salvarlos con palabras bonitas, ellos estaban ya condenados y solo puedes salvarlos haciendo lo que sabes hacer, matar. ¡Joder si hasta crees que Efialtes tiene salvación! Estas hecho un lio y te has metido de lleno en una guerra que no sabías que ni existía. 

Abre los ojos de una puta vez y mira el mundo, ahora que sabes la verdad este es más grande y peligroso, sabes que hay cosas oscuras que merodean en la noche, criaturas que no dudarían en devorarte si tuviesen la mas mínima oportunidad y también que muchas de esos monstruos pueden ser amigos y aliados. El mundo no es blanco y negro Aitor, es gris, este es tu nuevo mundo. Bienvenido a este mundo de tinieblas soldadito. Me caes bien Aitor, en serio, creo que eres un tipo con recursos pero muy perdido, por eso quiero ayudarte. Sé que quieres luchar y ya has escogido bando, eso está bien, pero tu bando necesita a la guadaña, eres lo que eres y no puedes reprimirte ahora o más gente a la que aprecias morirá. Despierta en este nuevo mundo como lo que eres. Este es mi segundo favor hacia ti.

Aitor comenzó a toser, unos hilillos de sangre le comenzaron a caer por la comisura de los labios y el dolor hizo que todo su cuerpo se tensase como una cuerda de piano.

-Shhhh, tranquilo Aitor, no ha llegado tu momento - Obiecit le sostuvo la cabeza y le dio un sorbo de una botella de agua - Aun tienes un papel que desempeñar en este juego soldadito. Hay muchos en el infierno esperándote para desgarrar tu carne y devorar tus entrañas,  literalmente, por suerte para ti hoy no es ese día.

Obiecit abrió el cajón de la mesilla y saco un móvil.

- ¿Que coño vas a hacer? - Aitor apenas podía ya respirar, su corazón amenazaba con explotarle dentro del pecho.

- Ella te está buscando Aitor, no la hagas esperar. Sobre todo por ti porque estas hecho polvo chico.

Obiecit busco un número de teléfono y pulso la tecla de llamada.

- Este es mi tercer favor... Dale recuerdos a Lisse Brooks de mi parte.

 

- ¿Entonces te encontramos gracias a Obiecit? - Lisse le miraba con los ojos como platos.

 

- Me temo que si, el me ayudo aquella noche, si no es por él hubiese muerto allí.

 

- ¿Todo lo que me has contado es real?

 

- Si, todo.

 

- Algunas cosas las sabía por tu expediente militar, pero me has sorprendido.

 

- Bueno ya sabes lo que he sido, lo que soy y en lo que quizás me convierta si le hago caso a Obiecit.

 

- Tengo que pensar en todo esto Aitor, Obiecit es un jugador y para él su tablero es el mundo, pero quizás tenga razón.

 

- ¿Cómo? ¿No me estarás diciendo que quieres que me ponga a ejecutar a gente?

 

- No Aitor, jamás te pediría eso, solo digo que quizás tengas que volver a ser el soldado que eras antes, con tu propio juicio y moralidad claro está. Estamos en guerra y ahora más que nunca necesitamos gente dispuesta a luchar, Pentex está desplegando sus fuerzas por todo el mundo, el Wyrm amenaza con devorarlo todo y se acerca el Ragnarok de las profecías de los Garou. O luchamos o pereceremos. Sé que estás cansado de tanta guerra y muerte, no has conocido otra cosa a lo largo de tu vida pero te necesito Aitor, necesito que luches por aquellos que no pueden luchar, necesito que vuelva el guerrero.

 

- Déjame unos días para pensarlo Lisse.

 

- Esta bien Aitor, tranquilo, piénsalo y descansa. Aun tienes que recuperarte de la operación y esta vez quiero cerciorarme de que está todo bien antes de dejarte marchar. Estás en tu casa, si necesitas algo solo tienes que pedirlo y cuando tengas una respuesta ven a verme.

 

- Gracias por todo Lisse.

 

 

 

El aire era frio fuera pero agradeció la sensación en su piel, la terraza de la mansión tenía unas impresionantes vistas de la isla de Manhattan y la ciudad brillaba a lo lejos.

 

Aitor pego otro sorbo de la botella de Macallan, el calor de la bebida le resulto reconfortante frente al frio nocturno y le ayudaba a calmar las ideas que le venían a la mente tras la conversación con Lisse.

 

Una voz femenina a su espalda le sobresalto.

 

-Veo que has encontrado la bodega

 

Aitor se giro y vio a Lianna en el marco de la puerta.

 

- Si, la he encontrado y por suerte está bien surtida ¿Un trago? Es un Macallan de 50 años...

 

- No gracias, no bebo. ¿Pensaba que eras más aficionado a la cerveza? No sé qué opinara el doctor sobre que estés bebiendo mientras aun estás convaleciente…

 

- Necesitaba algo más fuerte y además solo tenéis cerveza Yankee, como tú comprenderás prefiero esto y el doctor puede decir misa si quiere. Supongo que Lisse ya habrá hablado contigo ¿No?

 

- Me ha comentado algo ¿Obiecit te salvo? Eso es que el mundo se está volviendo loco ¿No crees?

 

- Me lo creo, vaya si me lo creo

 

Los dos se quedaron en silencio contemplando la ciudad y sus luces.

 

- ¿Es bonita verdad? La ciudad me refiero, me gusta subir aquí y quedarme absorta mirando sus luces y su inmensidad. Cuando la miro veo lo lejos que puede llegar el ser humano, es hermoso. ¿Tu que ves Aitor?

 

Aitor pego otro largo sorbo a la cada vez más vacía botella.

 

- Yo solo veo un campo de batalla, un jodido y enorme campo de batalla…