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Tontos, imbéciles, anormales, bobos, memos, deficientes, retrasados, estúpidos, simples, cretinos, incultos, ignorantes, catetos, torpes, zopencos, mentecatos, majaderos, engreídos, presuntuosos, petulantes, fantasmas, burros, gaznápiros, gilís, majaderos, necios, peleles, zoquetes, botarates… Podría estar así todo el día y no habría calificativos suficientes para describir a toda la panda de individuos con la que tuve que cruzarme ese fin de semana.

 

Me infiltré entre vuestras filas con un diminutivo de mi nombre y no pudiendo evitar realizar ciertos gestos de los que tengo manía. Os he manipulado y esclavizado a mi antojo, usándoos como moneda de cambio, mutilándoos a mi gusto o especulando con vuestros sentidos.

 

Os he ejecutado a algunos delante de vuestros amigos y familiares. Su reacción fue un patético temblequeo, lloros e improperios por la espalda. Alguno tuvo el valor de decir algo de frente. No obstante… nadie dio la vida por vosotros. Nadie se atrevió a dar un paso al frente de valentía. Nadie quiso servir mi causa de forma fiel. Por eso estáis muertos.

 

He campado a mis anchas durante semanas. He hecho todo lo que quería, todo lo que necesitaba, todo lo que deseaba… Nadie se interponía en mi camino. Me dejasteis amasar poder y llevar mis investigaciones de forma libre, pudiendo realizarlas en tiempo record antes de lo que quería.

 

Julio… mi querido Julio Tácito. Siempre disfruté pronunciar tu apellido lentamente para sentir a través del teléfono cómo temblabas, cómo tu voz cambiaba… Cada vez que venías a por mí en coche para hacerme de chófer por una simple visita o cuando hacías de mano ejecutora cuando debía matar a alguien… Te voy a echar mucho de menos, pero sé que algún día te volveré a encontrar. No fuiste nunca consciente de que me contabas tus investigaciones, pero que por ciertas razones que aún no desvelaré, yo misma no podía manipular esa biblioteca. No obstante iba un paso detrás de ti observando todo, adquiriendo conocimiento… Te queda aún mucho por saber de esa época, pero yo ya saqué lo que necesitaba… Tanto que indagaste en la propiedad sabrás cuales son mis posesiones, y aunque te parezca ilegal seguro que se te ocurre la estupidez de personarte allí. Ya nos reiremos los dos juntos cuando nos lo contemos.

 

Charles… Otro fiel ayudante. Creo que era el que más cabeza tenía dentro de la Mano del Difunto. Desaparecido en combate o eso quiere que crea. Un desertor más. Si vuelves con los cuatro que quedan de tu unidad te destruiré, y si consigo encontrarte también. Estás condenado, al igual que lo estaba el resto de la Mano del Difunto que ya ha muerto… Si no fue a manos del enemigo fue a las mías, no te preocupes.

 

Pero el objetivo de todo era mi venganza. Mis ansias de sangre hacia el ser que más detesto en este mundo y al que algún día le devolveré la moneda. Jeremiah.

 

Tú me creaste. Tú me pervertiste para pisar el lado no luminoso de mi creencia. Tú me hiciste pasar a cuchillo a aquel pueblo para estar a tu lado. Aprendí mucho de ti y estaba locamente enamorada. Jugaste conmigo. Tú solo me usaste como una muñeca sexual de la cual solo te importaba que estuviera limpia. Lo demás era un juego para ti.

 

Llegó luego tu querida, aunque tengo entendido que es la de otro. Al parecer ella te hacía sentir más placer, veía en tus ojos cómo la preferías a ella. Pero yo tenía mis armas, podía seguir demostrando cosas y sabía cómo conquistarte después de algunos años. Teníamos toda la eternidad para ello, pensaba luchar por ti hasta el final de los tiempos. Eso no entusiasmó a Jaelle. Su amante no estaba por allí para pararla y tú solo alimentabas tu juego. La convenciste para que compartiera varias veces cama con los dos en tus depravados juegos, sabiendo lo que las dos sentíamos en ese momento. Yo accedía solo por hacerte feliz.

 

Pero para ella también era todo un juego. Una partida que pretendía ganar y por ello, me ofreció algo mejor que lo que tú me ofrecías. Así aprendí por mi cuenta, quedé libre, fui llamada por los Heraldos… y para el resto de la historia debéis indagar si la queréis conocer.

 

Encontraré la forma de cobrarme mi venganza, Jeremiah. Ese estúpido Concilio del que te has rodeado lo va a pagar caro. Sé cuándo tengo que retirarme y lamer mis heridas. He pasado años haciéndolo para llegar a ser quien soy. No te creas que todo ha sido gracias a ti.

 

Me retiraré momentáneamente… pero volveré. Os aplastaré. No solo a tu estúpido grupito, a todos los idiotas que creen servir una causa justa volviéndose en mi contra sin conocer toda la historia y todos los detalles. Imbéciles que sirven a demonios, ángeles caídos, pecadores natos de la naturaleza, a todos sus placeres y deseos de forma ciega por creer que tienen un fin y una causa justa. Acabaré con cada uno de vosotros.

 

Llegará el día en que entréis en mi casa, os ofrezca asiento, algo de fumar y de beber. Nunca olvidaréis que es de buen anfitrión ofrecer las mejores atenciones a tus invitados y que es de buen nacido ser agradecido. Después de ello, en mi propio salón, mientras agito mi bebida, me suplicaréis que os perdone. Lo suplicaréis de una forma humillante, ofreciéndome cada cosa que podáis poseer o denigrándoos hasta los umbrales más bajos de la dignidad. Pero no obtendréis perdón. Nunca lo poseeréis. Solo dolor, sufrimiento y una muerte lenta y dolorosa.

 

¿Creéis que podéis conmigo? ¿Que por vuestras acciones perdí todo mi poder? Siento comunicaros que voy a volver más fuerte, irreconocible y con un nuevo as bajo la manga. Os desearía suerte para la próxima vez que nos enfrentemos… pero no os hará falta en modo alguno. Estáis condenados.

  

Vivid vuestras vidas, vividlas con miedo. No olvidéis que alguien os acecha y os cazará… y no le hacen falta las sombras o trucos inolvidables para ello. Tendréis donde huir, pero no donde esconderos. Todos sufriréis mi ira de una forma u otra, pues… la venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno y quien la busca… guarda sus heridas abiertas.

 

 

 

Perséfone