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Preferimos permanecer unidos. Por qué ese espíritu alado nos había elegido para librar Bosque Alto de su corrupción, no lo sabíamos, pero no nos disgustaba su mano incierta. Queríamos respuestas, y exigimos castigo para sus agresores.


           ***Página rota, pegada con miel negra en un almanaque encontrado en el barro***

 

 

La humedad de los túneles calaba tanto en los huesos como en las fosas nasales, pero mientras los drow se internaban en ellos, solo se escuchaba el ocasional repiquetear de las cadenas que traían, listas para recibir la mercancía.

—¿Vosotros creéis que vendrá?

—Es un puto cuento para asustarnos, por Lolth, no seas cobarde.

—No es ser cobarde, es ser precavido, idiota —el drow sacó una daga de su cinto infundida en un extraño fulgor verde—. Si consigo cazarlo, seguro que me gano un ascenso entre los nuestros.

—Cada uno se suicida como quiere…

—Mantened el silencio o no volveréis a hablar en toda la eternidad.

 

 

Mientras caminaba un día por las calles bulliciosas de Neverwinter, observando a la gente y sus vidas, Ugduk avanzó, dispuesto a enfrentar nuevos desafíos y a construir un futuro basado en la compasión y la defensa de los inocentes.

 

Los días en Neverwinter eran un contraste completo con los paisajes salvajes a los que estaba acostumbrado. La ciudad bullía de actividad, con mercados llenos de comerciantes que pregonaban sus mercancías y niños que jugaban en las calles. Era maravilloso la diversidad de personas que coexistían en relativa armonía: humanos, enanos, elfos y muchas otras razas. Cada interacción que observaba, cada sonrisa intercambiada, reforzaba en él la convicción de que la paz y la cooperación eran posibles. Dicho esto, fue a revisar un tablón de ofertas de trabajo en la plaza del puerto.

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