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Diarios (30)

29/09/2016 - Cáceres

Quimi

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Aún no soy consciente de la suerte que he tenido.

 

A ver. Todo empezó con aquel accidente de autobús y la terapia a la que intentaron obligarnos a ir... ¿Por qué digo “intentar”? Bueno, intentaron comernos la cabeza con lo que era bueno para nosotros y lo bien que nos iba a venir para superar el trauma… ¿Qué trauma? ¡Yo no soy uno de esos flojos que necesita ir a un loquero a contarle memeces porque he visto cuatro o cinco muertos dentro de un autobús! Así que pasé y mandé a la mierda sus propuestas.

 

Intenté seguir con mi vida normal, aunque reconozco que de vez en cuando echaba un vistazo a las noticias. La que se montó en Cáceres al parecer fue gorda… pero a mí ya me pillaba en casa con mi familia, así que tampoco me preocupé mucho por los sucesos, siendo sincero.

 

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26/12/2016 - La melodía del piano

Quimi

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Al fondo… esa melodía interminable que de tanto escucharla hace mella dentro de mi subconsciente… dentro de mi cabeza. El piano no deja de entonar esas notas en mi mp3, una tras otra, formando una melancólica melodía. Esos pocos segundos marcan un antes y un después para mí. Un cambio increíble en mi vida al rememorar todo lo ocurrido… Una revelación importante que debía tener tarde o temprano.

 

Me revuelvo en mi sillón buscando una posición más cómoda. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuánto tiempo llevo aquí intentando levantarme, hacer algo, pensar con claridad? No me fallan las fuerzas, me falla la motivación. El no ver objetivos claros, el tener que enfrentar una espera que se me puede hacer interminable. Muevo el vaso para ver cómo el alcohol va derritiendo poco a poco el hielo y compruebo ya por segunda vez que no me queda tabaco. Mato el tiempo, pero la puerta que tengo enfrente sigue sin abrirse.

 

Estaba perdido. Aunque con un buen trabajo, un gran amor, y una familia unida y que me quiere… no vivía mi vida de forma correcta. Acostumbrado a la planificación y al control, todo lo que se puede avecinar escapa de mis manos. Rompe mis esquemas y descoloca el mundo tal y como lo conocía. ¿Para mal? No lo creo… He recuperado mi personalidad estancada desde hace muchos años, la cual se ha dejado trastornar por varios hechos traumáticos o difíciles a lo largo de esta última década. Todo debido a un hecho revelador que ha impactado en mi psique de una forma sobrehumana.

 

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19/01/2017 - Miedos

Quimi

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Mamá se preocupa porque dice que no me ve jugar con otros niños de mi edad. Cree que porque estoy con mis libros no me entero de lo que pasa en casa o en la calle. “Simples preferencias” le dice la señorita, “no se preocupe, todo llegará a su tiempo” nos cuenta el doctor de la cabeza.

 

Sé cuándo papá y mamá discuten, sé cuándo los señores que dicen que nos gobiernan salen en la tele a seguir diciendo muchas mentiras, sé que el doctor de la cabeza piensa que no soy capaz de hacer amigos por mí misma… Todos creen que por ser una niña pequeña no me entero de lo que pasa, pero ¡yo ya soy mayor! ¡Se equivocan!

  

Me llamo Laura y aunque estudio Primaria, ¡ya sé mucho! Mis profes creen que me van a adelantar varios cursos porque pierdo el tiempo y saco muy buenas notas, pero papá y mamá tienen miedo porque dicen que no tengo amigos y así será más difícil. ¡Pero yo sí tengo amigos! 

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Diario de un descarriado: Entrada 1

Quimi

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Me despierto, está oscuro y no veo nada… me zumban los oídos y al intentar levantarme siento terribles punzadas de dolor dentro de mí, el pecho me arde y la garganta está áspera.

 

Me siento sucio y pegajoso, eso no es nuevo.

 

Me incorporo torpemente al borde de la cama, resistiendo el dolor que se va mitigando al respirar profundamente.

 

Enciendo a tientas en la oscuridad la lámpara de la mesilla, el fogonazo de luz amarillenta de la bombilla me desconcierta. Miro la lámpara y es fea como el demonio, ochentera, con formas redondeadas y de colores que se mezclan hasta casi parecer a veces de color de la mierda de un enfermo. Permanezco sentado y miro mis pies: tengo una bota puesta, llena de barro, el otro pie está casi cubierto por un jirón de calcetín, también sucio. Muevo los dedos y cae barro seco al suelo.

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Diario de un descarriado: Entrada 2

Quimi

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Despierto tumbado en el suelo. Creo que he tardado más de una hora en levantarme del todo y poder llegar al baño. No recuerdo haber encendido la luz ni haberme colocado frente al espejo. Tengo la ropa destrozada con una gran cantidad de agujeros y está sucia, de sangre y barro, los pantalones también. Me desnudo torpemente, tengo cardenales y moratones por todo el cuerpo, ¿me han dado una paliza?

 

No.

 

Me han fusilado, lo recuerdo vagamente, pero era para demostrar algo… recuerdo el olor a ceniza que me inunda las fosas nasales, los ojos de la bestia humana mirándome fijamente a través de la noche mientras deja escapar entre sus dedos las cenizas de lo que fue mi pasado. Me veo a mi mismo, recibiendo los disparos de una primera ráfaga, recargan sus armas y les grito que son unos perros traidores, que si no tienen nada mejor para mí, que si esto es todo. Vuelven a descargar sus armas y caigo de rodillas. Siento la mayor de las satisfacciones al ver como mi cuerpo escupe las balas lentamente entre borbotones sanguinolentos con trozos de carne y tripas…

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Diario de un descarriado: Entrada 3

Quimi

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Algunas heridas se han abierto y escucho el sonido seco de más balas aplastadas caer al suelo del baño, ahora me doy cuenta de que tengo ese feo collar en mi cuello, lo agarro para arrancarlo, palidezco al pensarlo y tan solo lo aprieto fuerte en mi puño, me hace sangrar, recuerdo que me lo dio la bestia.

 

Me ducho, al menos mi albornoz está limpio y me reconforta ponérmelo, me calzo unas babuchas de forro suave de piel de camello y salgo despacio de la destrozada habitación, camino de otra sala más pequeña tras atravesar un salón con chimenea. Casi todo está intacto, algo de barro y poco más. Entro en la sala preparada como un vestidor, con algunos trajes y camisas, escojo un traje gris, elegante, camisa y corbata a juego, me encanta vestir bien cuando tengo que huir de un país.

 

Recojo lo que puedo y lo meto en el maletero del coche.

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Diario de un descarriado: Entrada 4

Quimi

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Limpio la pátina de barro y sangre del pálido rostro de una de mis lugartenientes, toda la red de contactos que ella manejaba esta ahora fuera de mi alcance, el mundo inmaterial que ella moldeaba y sentía ha desaparecido. Nos fue muy útil, sobre todo con el investigador y el caso de esa chica, su hija, nosotros lo resolvimos, encontramos el cuerpo en ese embalse de aguas turbias, le dimos descanso arriesgando mucho, a ella y a muchos otros. Antes de que todo cambiase los mercenarios habían tenido contacto con entes sobrenaturales que campaban a sus anchas por la finca, esperando su descanso eterno, decían haber tenido una conversación bastante entretenida con un caballero de Alcántara que se alegró al enterarse de la noticia de las expulsiones de los musulmanes y judíos de la península, pero parecía reacio a creer que lo hubiera logrado una Reina añadiendo que sin un Rey fuerte una Reina no podría, tampoco le gusto que ese Rey fuera aragonés, difícil de entender la mentalidad medieval, pero terminó descansando a lomos de su garañón y cabalgó hacia… lo desconocido.

 

Coloco flores en la tierra removida, debí haber cavado un poco más profunda la tumba de mi amigo, puede que las lluvias la despejen y queden al descubierto su cadáver, no tengo mucho tiempo, algo debe estar entreteniendo a las autoridades para que no estén ya aquí.

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Diario de un descarriado: Entrada 5

Quimi

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Ha pasado mucho tiempo…

 

Recuerdo los ojos de la bestia mirándome en la oscuridad, impulsándome a ser más fuerte, a ser mejor, a servirle a él y a un autentico poder superior.

 

Eso hago, le sirvo, a través de mis propios aliados, esparzo su voluntad allá donde él me dice.

 

Siempre promete una recompensa y siempre cumple su palabra, antes era muy difícil contentar a mis aliados que se esforzaban dándolo todo, hacían todo lo posible por cumplir los encargos y cuando lo hacían muchas veces les pagaba con humo, con prontos y estamos ya muy cerca. Quizás por eso no le salieron las cosas como debieron salir, por eso no cumplieron con nuestras demandas y por eso estoy haciendo ahora todo esto otra vez.

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El duro despertar del veterano

Quimi

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Los gritos le despertaron. Eran gritos de mujer, un chillido que se le clavaba como un puñal en los tímpanos. Se levantó de golpe y su mano saltó como un resorte hacia la mesilla de noche donde descansaba una Beretta. La cogió y rodó hacia un lado cubriéndose con la cama y apuntando a la puerta, un acto reflejo implantado hace años en su mente. Moverse, cubrirse y apuntar.

 

Un dolor punzante le recorrió todo el cuerpo por los bruscos movimientos que había realizado, pero siguió apuntando a la puerta aun sin saber muy bien donde estaba. Su mente se centraba en la puerta, en lo que pudiera entrar por ella… y en los gritos de la mujer de la habitación de al lado. Así paso un minuto entero hasta que su mente se fue despejando y la espesa niebla que envolvía sus pensamientos se fue disipando poco a poco, solo entonces se centró en la habitación. Era una habitación típica de hotel barato con muebles viejos y desgastados. Recorrió la habitación con la mirada aun sujetando la pistola, atento a cada rincón, a cada sombra, a cada sonido.

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Si el veterano recuerda, el mundo tiembla

Quimi

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El viaje hacia Los Ángeles había sido tranquilo, todo lo que podía ser en una ciudad con varios millones de habitantes cuya circulación en hora punta era un auténtico caos. Paró en una zona comercial cercana al aeropuerto que estaba repleta de centros comerciales y hoteles baratos destinados a los turistas más pudientes alejado de las brillantes torres de luz del centro. Compró algo de ropa en un centro comercial, comió un par de hamburguesas en un restaurante deleitándose en cada bocado. ¿Cuánto tiempo hacia que no comía? Su hambre era atroz.

 

Se alojó en un hotel que parecía cómodo cuya principal clientela eran las tripulaciones de la infinidad de aviones que diariamente hacían escala en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, le dieron una habitación agradable, o al menos lo era más que la habitación en la que se despertó la noche anterior. En esta al menos no olía a sudor rancio… bueno, sí que olía a sudor rancio, el suyo.

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